Historia y debates

 

Aunque el interés por la economía informal ha sufrido altibajos desde principios de la década de 1970, el concepto ha seguido resultando útil para muchos formuladores de políticas, activistas e investigadores. Esto se debe a la importancia de la realidad que trata de reflejar: la gran parte de la fuerza laboral que contribuye de forma significativa a la economía mundial pero que queda desprovista de la protección y regulación del estado.

Existe actualmente un interés renovado en la economía informal en todo el mundo. Ello se debe a que una gran parte de la fuerza laboral y de la economía mundial es informal, y a que la economía informal está creciendo en muchos contextos y apareciendo en lugares nuevos y de modos distintos.

Perspectiva histórica

En las décadas de 1950 y 1960 se creía ampliamente que con la combinación correcta de políticas y recursos económicos se podría transformar a las economías tradicionales de bajos ingresos en dinámicas economías modernas. En este proceso, el sector tradicional, conformado por la venta al por menor, la producción a pequeña escala y varios trabajos eventuales, sería incorporado a la economía moderna capitalista –o formal– y de ese modo desaparecería. Esta perspectiva quedó reflejada en la predicción de W. Arthur Lewis en su ensayo de 1954, por el cual recibió el premio Nobel en economía: que el desarrollo económico en los países en desarrollo generaría suficientes empleos modernos para absorber la mano de obra excedente de la economía tradicional. Ello llevaría a un punto de inflexión en el que los sueldos empezarían a subir por encima del nivel de subsistencia (Lewis 1954).

Esta perspectiva se vio reforzada por la reconstrucción exitosa de Europa y Japón después de la Segunda Guerra Mundial, y la expansión de la producción en masa en Europa y Norteamérica durante los años 1950 y 1960. Sin embargo, a mediados de la década de 1960 el optimismo en cuanto al crecimiento económico en los países en desarrollo fue reemplazado por preocupaciones por el persistente desempleo generalizado.

Década de 1970

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) organizó una serie de grandes “misiones de empleo” multidisciplinarias a varios países en desarrollo. Se les pidió a Hans Singer y a Richard Jolly que dirigieran la primera misión de empleo en Kenia en 1972. La misión a Kenia mostró que el sector tradicional en Kenia, al cual llamaron “el sector informal”, incluía empresas rentables y eficientes, así como actividades marginales (OIT 1972). El término “sector informal” había sido introducido el año anterior, en 1971, por el antropólogo británico Keith Hart en su estudio sobre actividades de bajos ingresos entre personas sin formación que emigraban del norte de Ghana a la capital, Accra, y no encontraban empleo asalariado (Hart 1973).

Tanto Keith Hart como la misión de la OIT en Kenia mantuvieron una actitud positiva acerca del sector informal. Hart concluyó que, a pesar de que enfrentaban restricciones externas y dominación capitalista, la mayoría de los migrantes internos en Accra se dedicaban a actividades informales que tenían “una capacidad autónoma para generar ingresos” (Ibíd.). La misión en Kenia subrayó el potencial del sector informal para crear empleo y reducir la pobreza (OIT 1972). Pero el sector informal en tanto realidad económica recibió una respuesta ambivalente en el mundo del desarrollo. Muchos observadores pensaban que el sector informal era marginal o periférico y que no estaba vinculado con el sector formal o con el desarrollo capitalista moderno. Algunos de estos observadores creían que el sector informal en Ghana, Kenia y otros países en desarrollo desaparecería cuando estos países alcanzaran un nivel suficiente de crecimiento económico y desarrollo industrial moderno. Otros argumentaban que el desarrollo industrial podría seguir un patrón distinto en los países en desarrollo –incluida la expansión de las actividades económicas informales– al que había seguido en los países desarrollados.

Décadas de 1980 y 1990

En la década de 1980, los términos del debate sobre el sector informal se ampliaron para incluir los cambios que estaban sucediendo en las economías capitalistas avanzadas. Cada vez más, tanto en Norteamérica como en Europa, la producción se estaba reorganizando en unidades económicas de pequeña escala, descentralizadas y más flexibles. La producción en masa cedió a la “especialización flexible” o, en algunos contextos, regresó a la producción en talleres con condiciones laborales abusivas (Piore y Sabel 1984). Estos cambios estaban (y todavía están) relacionados con la informalización de las relaciones de empleo. Los empleos convencionales se convirtieron en empleos atípicos con salarios por hora, pero con pocas prestaciones, o en empleos con pago a destajo sin prestaciones; la producción de bienes y servicios se subcontrataron a unidades informales de pequeña escala y a trabajadores industriales subcontratados. En el proceso, la economía informal se había convertido en un elemento permanente, pero subordinado y dependiente, del desarrollo capitalista (Portes, Castells y Benton 1989).

Mientras tanto, la crisis económica en América Latina en la década de 1980 puso de relieve otra característica del sector informal: que, en muchos países, durante los periodos de crisis económica aumenta el empleo en el sector informal o junto con el desempleo abierto, en lugar de sustituirlo (Tokman 1984). Durante la crisis en Asia en la década de 1990 millones de personas que perdieron su empleo formal en los países antiguamente llamados tigres de Asia oriental, trataron de encontrar trabajo o de crear trabajo en la economía informal (Lee 1998). Entretanto, el ajuste estructural en África y la transición económica en la antigua Unión Soviética y en la Europa central y oriental también estuvieron relacionados con una expansión del empleo en la economía informal.

¿Por qué a menudo aumenta el empleo en la economía informal durante periodos de ajuste o de transición económica? Cuando las empresas recortan personal o cierran, los trabajadores despedidos que no pueden encontrar un trabajo formal alternativo muchas veces terminan trabajando en la economía informal. Esto es especialmente cierto para aquellas personas que no pueden permitirse estar desempleadas, particularmente en los países donde no hay indemnización o seguro de desempleo. Si los tiempos económicos difíciles vienen acompañados por una inflación en aumento o recortes en los servicios públicos, los hogares con frecuencia tienen que complementar los ingresos del sector formal con ingresos informales.

Durante los años 1990, la globalización de la economía contribuyó a la informalización de la fuerza laboral en muchos sectores y países (Standing 1999). Si bien la globalización puede generar nuevos empleos y abrir nuevos mercados, muchos de los empleos no son empleos “buenos” y muchos de los mercados nuevos son inaccesibles a los productores a pequeña escala o desfavorecidos. Esto se debe a que las empresas formales, en respuesta a la competencia global, tienden a mantener solamente a un grupo básico de trabajadores permanentes y contratar al resto de los trabajadores bajo acuerdos informales, o bien a subcontratar la producción de bienes y servicios a otras empresas y países (Rodrik 1997). Además, las empresas informales y los productores pequeños a menudo carecen de los conocimientos del mercado y las habilidades para competir con las empresas formales por los mercados de exportación, y con frecuencia enfrentan competencia de bienes importados en los mercados domésticos.

Más recientemente

Existe actualmente un interés renovado en la economía informal en todo el mundo. Ello se debe en parte a que la economía informal ha crecido mundialmente y ha surgido con disfraces nuevos y en lugares inesperados. Parcialmente, esto es el resultado del hecho de que el empleo informal se expandió de manera significativa durante la reciente gran recesión (Horn 2009).

Hoy en día, en la mayoría de las regiones desarrolladas más de la mitad del empleo no agrícola es informal, y en el sur de Asia la proporción del empleo informal puede ser tan alta como 80% del empleo no agrícola (Vanek et al. 2012). Si en estos cálculos se incluyeran los datos sobre el empleo informal en la agricultura, la proporción del empleo informal en el empleo total sería aún más alta en las regiones eminentemente agrícolas, especialmente en África subsahariana, y aún más en el sur de Asia.

Este interés renovado también es resultado del reconocimiento de los vínculos entre informalidad y crecimiento, por una parte, y los vínculos entre informalidad, pobreza y desigualdad por otra. Hay un mayor reconocimiento de que la economía informal hoy en día está íntimamente unida a la economía formal, y que contribuye a la economía total; y que el apoyo a los trabajadores pobres en la economía informal es un elemento crucial para reducir la pobreza y la desigualdad. Y también existe un mayor reconocimiento de que las mujeres suelen concentrarse en las formas más precarias del empleo informal, así que el apoyo a las trabajadoras pobres en la economía informal es crucial para reducir la pobreza de las mujeres y la desigualdad de género (Chen et al. 2004, 2005).

Hoy en día, la economía informal es un campo de estudio por derecho propio, que atrae el interés de un número creciente de expertos de muchas disciplinas que van desde la economía, la antropología y las relaciones industriales hasta los estudios de género, las ciencias políticas, la sociología y la planificación urbana. Las investigaciones recientes se enfocan en la magnitud y composición de la economía informal, el motor o las causas de la informalidad, las consecuencias de la informalidad en lo que respecta el bienestar y la productividad, y qué tipo de vínculos existen entre informalidad, formalidad, crecimiento, pobreza y desigualdad. Este resurgimiento de interés por la economía informal ha generado un replanteamiento significativo del concepto, y mejoras en la medición oficial del fenómeno.

Escuelas de pensamiento dominantes

A lo largo de los años el debate sobre la vasta y heterogénea economía informal se ha cristalizado en cuatro escuelas de pensamiento dominantes sobre su naturaleza y composición:

  • Escuela dualista: el sector informal de la economía comprehende actividades marginales –distintas del sector formal y no relacionadas con él– que proporcionan ingresos a los pobres y una red de seguridad en tiempos de crisis (Hart 1973; OIT 1972; Sethuraman 1976; Tokman 1978).
  • Escuela estructuralista: percibe a la economía informal como unidades económicas (microempresas) y trabajadores subordinados que sirven para reducir los costos de insumos y de mano de obra, y, de ese modo, aumentan la competitividad de las grandes empresas capitalistas (Moser 1978; Castells y Portes 1989).
  • Escuela legalista: la economía informal está formada por microempresarios “valientes” que eligen trabajar de manera informal a fin de evitar los costos, el tiempo y el esfuerzo del registro formal, y quienes necesitan derechos de propiedad para hacer que sus activos sean legalmente reconocidos (de Soto 1989, 2000).
  • Escuela voluntarista: también se centra en empresarios informales quienes deliberadamente tratan de evitar regulaciones e impuestos, pero a diferencia de la escuela legalista no culpa a los trámites engorrosos de registro.

Cada escuela de pensamiento sustenta una teoría causal diferente sobre lo que lleva a la economía informal.

  • Los dualistas argumentan que los negocios informales están excluidos de las oportunidades económicas modernas debido a desequilibrios entre las tasas de crecimiento de la población y el empleo industrial moderno, y un desfase entre las habilidades de las personas y la estructura de las oportunidades económicas modernas.
  • Los estructuralistas argumentan que la naturaleza del crecimiento capitalista y/o del capitalismo impulsa la informalidad: específicamente los intentos de las empresas formales de reducir los costos laborales y aumentar la competitividad, así como la reacción de las empresas formales ante el poder de los trabajadores sindicados, las regulaciones estatales de la economía (particularmente los impuestos y la legislación social); la competencia global; y el proceso industrialización (particularmente, sectores deslocalizados, cadenas de subcontratación y especialización flexible)
  • Los legalistas argumentan que un sistema legal hostil lleva a los trabajadores independientes a operar de manera informal con sus propias normas informales y extrajudiciales.
  • Los voluntaristas argumentan que los negocios informales eligen operar de manera informal después de considerar la relación costo-beneficio de la informalidad en comparación con la formalidad.

Otro enfoque –a menudo enfocado en los países desarrollados y en transición– percibe al sector informal como producción ilegal u oculta y/o clandestina. La producción ilegal se refiere a actividades de producción que están prohibidas por la ley o que resultan ilegales si son realizadas por productores no autorizados, mientras que producción clandestina se refiere a actividades de producción que si bien son legales si se realizan en cumplimiento de las regulaciones, son deliberadamente ocultadas de las autoridades (Comisión de Estadística de las Naciones Unidas 1993). Cualquier tipo de unidad de producción (formal o informal) puede dedicarse a cualquier tipo de producción (ilegal; legal clandestina; legal, no clandestina). La pregunta empírica y de política es qué porcentaje y cuáles componentes de la economía informal, especialmente en los países en desarrollo, son deliberadamente ilegales o clandestinos.

Modelos conceptuales holísticos

Dada la heterogeneidad de la economía informal, cada una de estas perspectivas tiene su mérito ya que cada escuela refleja uno u otro “trozo del pastel (informal)”. Pero la economía informal, en conjunto, es más heterogénea y compleja que lo que la suma de estas perspectivas podría indicar.

Algunos de los trabajadores autónomos eligen –o se ofrecen a– trabajar de manera informal para evitar el registro y los impuestos, mientras que otros lo hacen por necesidad o tradición. Asimismo, muchos de los trabajadores autónomos acogerían con agrado cualquier esfuerzo para reducir las barreras al registro y los costos de transacción relacionados, especialmente si pudieran recibir los beneficios de la formalización. Además, mucho del aumento reciente en el empleo asalariado informal se debe a la informalización de relaciones de empleo que solían ser formales. En muchos de estos casos son los empleadores, no los empleados, quienes evitan las regulaciones y los impuestos. Los empleadores a menudo prefieren mantener una pequeña plantilla de base permanente y contratar a los demás trabajadores de manera informal para evitar pagar los impuestos sobre la nómina y las cotizaciones al seguro social del empleador o las pensiones. En algunos casos, se evaden los impuestos sobre la nómina y las cotizaciones al seguro social por consentimiento mutuo del empleador y del empleado, como cuando los empleados prefieren recibir una mayor remuneración neta en lugar de las cotizaciones del empleador al seguro social. Esto puede ser el caso cuando los sistemas de seguridad social son mal administrados –o sus condiciones no son transparentes o son mal comprendidas–, lo que lleva a que el empleado no espere ninguna prestación a cambio de las contribuciones.

En resumen, algunos empresarios informales eligen –o se ofrecen a– trabajar de manera informal. Sin embargo, el empleo informal tiende a expandirse durante las crisis económicas o recesiones, lo que indica que –además de la elección– es la necesidad la que impulsa la informalidad. Asimismo, la informalización de las relaciones de empleo es una característica del crecimiento económico contemporáneo y de la economía mundial. Además, en muchos países en desarrollo la mayoría de la fuerza laboral nunca ha tenido un empleo formal y continúa dedicándose a actividades tradicionales y de supervivencia.

Hay diferentes teorías sobre lo que comprehende y causa la informalidad. Muchos economistas tradicionales se suscriben a la noción de que la economía informal está conformada por empresarios informales que eligen –o se ofrecen a– trabajar de manera informal (Maloney 2004). Sin embargo, otros economistas reconocen que el empleo informal tiende a expandirse durante las crisis económicas o recesiones, lo que indica que –además de la elección– es la necesidad que impulsa la informalidad. Otros observadores señalan que la informalización de las relaciones de empleo es una característica del crecimiento económico contemporáneo y de la economía mundial, y que los trabajadores asalariados informales contratados por empresas formales u hogares van en aumento en muchos países. Además, cada vez hay un mayor reconocimiento de que diferentes factores impulsan diferentes segmentos de la economía informal. En los últimos años, varios grupos de observadores han planteado modelos que buscan capturar los componentes de la informalidad y/o los diferentes factores que impulsan la informalidad.

La red de WIEGO desarrolló y puso a prueba un modelo multisegmentado del empleo informal, definido en términos de la situación en el empleo. Para mayor información lea sobre el marco conceptual de la red de WIEGO.