Trabajadoras y trabajadores del hogar

 

Líderes trabajadoras del hogar, Montevideo@2x

Introducción

Según la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) existen mundialmente “decenas de millones” de trabajadoras y trabajadores del hogar. El trabajo doméstico es desempeñado principalmente, pero no exclusivamente, por mujeres. La mayoría de ellas pertenece a los sectores más pobres de la sociedad (OIT 2007).

Esta importante ocupación involucra a un porcentaje importante de la fuerza laboral mundial (Tokman 2010). Las personas dedicadas al trabajo del hogar prestan servicios esenciales que les permiten a otros trabajar fuera del hogar, y de este modo facilitan el funcionamiento del mercado laboral y de la economía.

Este grupo de trabajadoras y trabajadores labora a cambio de un pago en los hogares de otras personas, prestando una gama de servicios domésticos: barren y limpian; lavan ropa y platos; hacen las compras y cocinan; cuidan a niños, a adultos mayores y a discapacitados; o prestan servicios de jardinería, de conducción y de seguridad. Algunos viven en la casa del empleador. Muchos trabajan tiempo parcial, a menudo para múltiples empleadores.

En el trabajo doméstico, las mujeres se concentran en servicios de limpieza y de asistencia, mientras que los hombres suelen trabajar como jardineros, choferes o guardias de seguridad, empleos que son mejor remunerados.

Para leer las noticias más recientes sobre las trabajadoras del hogar en todo el mundo, visite nuestra sección de noticias.

Magnitud e importancia

El trabajo del hogar es un sector de empleo cada vez más grande, particularmente para las mujeres. Según las estimaciones más recientes de la OIT, las personas que laboran en el hogar representan del 4 al 10% de la fuerza laboral total en los países en desarrollo, y el 1 al 2,5% de la fuerza laboral total en los países desarrollados (OIT 2010). Estas estadísticas se traducen en “decenas de millones” de trabajadoras y trabajadores del hogar en todo el mundo (OIT 2007). Se estima que en América Latina hay unas 7,6 millones de personas dedicadas a esta labor, que representan el 5,5% de la fuerza laboral urbana (Tokman 2010).

Las mujeres están sobrerrepresentadas entre los trabajadores del hogar. En todo el mundo tres cuartos o más de los trabajadores del hogar son mujeres: desde el 74% en Belice hasta el 94% en Israel (OIT 2010). Además, el porcentaje de la fuerza laboral femenina que se dedica al trabajo del hogar es mucho más alto que el porcentaje de la fuerza laboral masculina. En América Latina, el 12% de la fuerza laboral urbana femenina se dedica al trabajo del hogar. Esto se compara con un 0,5% de la fuerza laboral urbana masculina que se dedica a esta labor (Tokman 2010).

La base de datos del Departamento de Estadística de la OIT muestra que el trabajo del hogar es una fuente importante de empleo para las mujeres, pero no para los hombres. En América Latina y el Caribe, entre el 10 y el 18% de las mujeres se dedican al trabajo del hogar. En los países árabes, especialmente en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, más del 40% de las mujeres empleadas se dedican al trabajo del hogar. El trabajo del hogar es también el empleador más grande de mujeres en Asia y África: el 11% en Botsuana; el 11% en las Filipinas; el 12% en Namibia; y el 16% en Sudáfrica. No obstante, en muy pocos países el porcentaje de los hombres empleados en el trabajo del hogar sobrepasa el 1%.

Desafíos de medición1

La medición del trabajo del hogar plantea tres desafíos básicos:

  • el desafío de la definición: ¿Qué tipo de actividades deberían incluirse?
  • un desafío de clasificación y codificación: ¿Cuál sistema de clasificación estadística debería usarse y cuántos códigos se necesitan para cubrir a todos los tipos de trabajo doméstico?
  • un desafío de tabulación: ¿Cómo tabular datos con diferentes códigos en diferentes niveles de clasificación?

Para una discusión técnica detallada de este tema, vea la sección “Desafíos de la medición del trabajo del hogar

Trabajadores migrantes

Entre los migrantes internacionales, la proporción de las mujeres ha aumentado de manera considerable en décadas recientes. Las mujeres (y niñas) representan ahora más o menos la mitad de los aproximadamente 200 millones de migrantes en todo el mundo. Las trabajadoras del hogar son una parte importante de esta tendencia (Human Rights Watch 2006). Asia es una fuente importante de migrantes internacionales que se dedican al trabajo del hogar, tanto en Asia como en otros lugares. Para mediados de la década de 2000, alrededor de 6,3 millones de migrantes de Asia estaban trabajando y viviendo legalmente en los países más desarrollados de Asia. La mayoría viene de Indonesia, las Filipinas y Sri Lanka donde las mujeres, en su mayoría trabajadoras del hogar, representan entre el 60 y el 80% de los migrantes registrados. Quizás otro 1,2 millones de migrantes no documentados viven en la región, muchos de ellos se dedican al trabajo del hogar (Fondo de Población de las Naciones Unidas 2006).

Los países árabes emplean a millones de trabajadoras migrantes del hogar. En Arabia Saudita viven aproximadamente 1,5 millones de trabajadoras del hogar, principalmente de Indonesia, las Filipinas y Sri Lanka (Human Rights Watch 2008).

En América Latina, las trabajadoras del hogar representan hasta el 60% de los migrantes internos y transfronterizos. Mujeres jóvenes emigran desde países económicamente menos desarrollados –por ejemplo, Bolivia y Perú– a países más desarrollados. La gran mayoría de los trabajadores del hogar inmigrantes son mujeres –entre el 70 y el 74% en Costa Rica, la República Dominicana y Honduras; entre el 89 y el 96% en Argentina, Chile, Brasil y Paraguay–. Para las inmigrantes, el empleo en el trabajo doméstico varía: del 10% en la República Dominicana, al 19% en Paraguay, al 37% en Chile, al 47% en Costa Rica y al 78% en Argentina.

Las migrantes de México y otras partes de América Latina representan la mayoría de la fuerza laboral en el trabajo del hogar en los EE.UU. (Fondo de Población de las Naciones Unidas), y daban razón del 58% de los trabajadores en servicios personales y afines en 2000. También, en Francia más del 50% de las migrantes son empleadas en el trabajo doméstico.

Trabajo infantil

En todo el mundo, cientos de miles de niñas y niños trabajan en el servicio doméstico, especialmente en el mundo en desarrollo, los cuales están particularmente escondidos y se encuentran entre las personas más difíciles de censar. El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC, por su sigla en inglés) de la OIT nota que las estadísticas disponibles probablemente muestran solamente “la punta del iceberg” y ofrecen “una indicación alarmante de la magnitud del fenómeno en todo el mundo”. Informa que alrededor de 175 000 niñas y niños menores de 18 años están empleados en el servicio doméstico en América Central y más de 688 000 en Indonesia. La mayoría de las trabajadoras y los trabajadores infantiles tienen entre 12 y 17 años; algunos tienen tan sólo 5 años.

En Sudáfrica, casi 54 000 niñas y niños menores de 15 años trabajan como empleados domésticos, y en Guatemala son aproximadamente 38 000 niñas y niños de entre 5 y 7 años. Se estima que hay más niñas menores de 16 años que trabajan en el servicio doméstico que en cualquier otra categoría de trabajo infantil (OIT-IPEC 2007).

Fuerzas motoras y condiciones laborales

Trabajadoras del hogar, Tailandia@2x

Las razones por las que las mujeres laboran como trabajadoras del hogar

Es una combinación de factores que empuja y jala a las mujeres hacia el trabajo del hogar. La pobreza ha aumentado en muchos países a causa de los programas de ajustes estructurales, la devastación del sector agrícola y las crisis económicas. Estas circunstancias han empujado a muchas mujeres y niñas a entrar en el mercado del trabajo doméstico (Human Rights Watch 2006).

El trabajo doméstico es una de las pocas oportunidades de empleo abiertas para las mujeres. Limpiar y cocinar, cuidar a los niños y las personas mayores son considerados casi de manera universal como trabajos de mujeres, por lo que los hombres rara vez compiten con las mujeres en este mercado de trabajo.

Con escasa disponibilidad de empleos formales, y frente a la discriminación de género que con frecuencia viene acompañada de una discriminación basada en casta o clase, raza o etnicidad, las opciones para obtener un trabajo decente son pocas. Como la mayoría viene de hogares pobres, generalmente tienen una escolaridad baja y pocas habilidades comercializables salvo en las áreas para llevar la casa y el cuidado de otras personas. No obstante, algunas trabajadoras del hogar que han emigrado de países como las Filipinas o de Europa del Este tienen un nivel de escolaridad medio o alto (Ramírez-Machado 2003).

Existe una demanda continua de servicios domésticos debido a una serie de tendencias demográficas, sociales y de empleo. En Europa Occidental, un porcentaje creciente de mujeres trabaja fuera del hogar, mientras que la prestación pública de servicios domésticos y de cuidado está en descenso. A menudo ya no se dispone de apoyo familiar, lo que hace crecer la necesidad de ayuda con el trabajo doméstico y el cuidado de los niños y las personas mayores (Confederación Europea de Sindicatos 2005). El trabajo doméstico asequible provisto por trabajadoras del hogar les permite a las mujeres ir a trabajar, y llena las carencias en los centros de cuidados. La demanda también es fuerte en Norteamérica, los países asiáticos más ricos como Hong Kong, Japón, Malasia, Singapur y Corea del Sur, así como en muchos países árabes (Fondo de Población de las Naciones Unidas 2006).

Ingresos y/o salarios

El Departamento de Estadística de la OIT dispone de datos sobre los salarios en el trabajo doméstico para algunos países. Estos datos demuestran que las mujeres empleadas en trabajos domésticos reciben salarios mucho más bajos que las mujeres que se dedican a otros trabajos, y que los niveles salariales son más bajos para las trabajadoras del hogar que aquellos para los trabajadores del hogar. Una recopilación de datos oficiales de 19 países latinoamericanos indica que los ingresos de las personas dedicadas al trabajo del hogar se encuentran entre los más bajos de todas las ocupaciones y que los ingresos de las mujeres son más bajos que los de los hombres, parcialmente porque las mujeres y los hombres suelen dedicarse a diferentes tareas. Un porcentaje importante de las trabajadoras y los trabajadores del hogar vive por debajo de la línea de pobreza.

  • En toda América Latina, los ingresos de las mujeres en el trabajo doméstico corresponden al 73% de los de los hombres.
  • En Costa Rica, las trabajadoras del hogar ganan en promedio 40% de los salarios pagados a otras trabajadoras, mientras que la proporción en comparación con los hombres es un 67%.
  • Las trabajadoras y los trabajadores del hogar ganan 41% de los ingresos de la fuerza laboral urbana2.
  • Los ingresos de las mujeres en el trabajo doméstico son inferiores a otros trabajos en el sector informal: solamente el 76% de los ingresos de todas las mujeres en el sector informal, el 84% de las trabajadoras por cuenta propia, y el 83% de las trabajadoras asalariadas en empresas informales.
  • Los ingresos de los hombres en el trabajo doméstico son a menudo más altos que en otros trabajos del sector informal: solamente el 56% de los ingresos de todos los trabajadores en el sector informal, el 94% de los trabajadores asalariados en empresas informales, pero el 118% de los trabajadores por cuenta propia.
  • El 36% de las trabajadoras y los trabajadores del hogar provienen de hogares por debajo de la línea de pobreza, en comparación con el 26% de la fuerza laboral urbana total y el 35% de los trabajadores asalariados en empresas informales.

En los 19 países latinoamericanos donde existían datos de encuestas de fuerza laboral, se analizaron éstos y se encontró que los ingresos de las personas dedicadas al trabajo del hogar están entre los más bajos de todas las ocupaciones, y que una importante proporción de los ingresos de los trabajadores del hogar queda por debajo de la línea de pobreza per cápita. La proporción de este grupo de trabajadores con contratos laborales y/o protección social es muy baja en comparación con otras ocupaciones. Y las mujeres se encuentran en peor posición que los hombres, parcialmente porque realizan tareas o funciones diferentes que los hombres. Es muy probable que se observarían los mismos patrones en otras regiones del mundo si los datos estuvieran disponibles.

Condiciones laborales

La mayoría del trabajo doméstico, especialmente el trabajo realizado por mujeres, es informal; es decir, es realizado fuera de la esfera de las regulaciones laborales y de la protección social. Como resultado, las personas dedicadas al trabajo del hogar sufren “déficits de trabajo decente” según la definición de la OIT, que acuñó el término, incluyendo déficits de oportunidades de empleo, derechos legales, protección social, así como de organización y representación. En suma, para citar el título de una conferencia en mayo de 2010 en Sudáfrica, las trabajadoras y los trabajadores del hogar son “explotados, subestimados… e imprescindibles”3.

El trabajo doméstico tiene varias características comunes que lo separan de otros tipos de trabajo remunerado. En primer lugar, los trabajadores del hogar están empleados en los hogares de otros por una persona o una familia (no una empresa). En segundo lugar, como están empleados para trabajar en los hogares de personas particulares y para realizar una gama de funciones de prestación de cuidados, estas trabajadoras y trabajadores tienden a conocer a sus empleadores de manera personal e íntima, pero la relación es altamente desigual, exponiéndolos a abusos verbales, físicos o sexuales de parte de sus empleadores. A menudo, las diferencias de raza, clase y ciudadanía entre empleador y trabajador del hogar empeoran esta desigualdad y vulnerabilidad. En tercer lugar, la mayoría de las tareas que implica el trabajo del hogar son consideradas trabajo de “mujeres” y, por tanto, de bajo estatus y valor; con la excepción de tareas como el trabajo de jardinería, el manejo de un coche o servicios de protección, que normalmente son realizadas por hombres. El cocinar para otros en sus hogares se valora y se recompensa a menudo mejor que otras tareas domésticas. Esto tal vez se deba al hecho de que en algunas sociedades y países es tan, o más, probable que se emplee a un hombre como a una mujer para que cocine para otros en su hogar. En cuarto lugar, las personas dedicadas al trabajo del hogar tienden a ser invisibles como trabajadores y están aisladas de otros en este sector porque el lugar de trabajo es también el hogar privado.

Las trabajadoras y trabajadores del hogar tienden a recibir salarios más bajos, menos prestaciones y menos protección legal o social en comparación con la mayoría de los otros trabajadores asalariados, con la probable excepción de los jornaleros ocasionales y los trabajadores subcontratados industriales. Además, si bien el hogar es visto como un “refugio” y algunas de las personas que trabajan en el hogar se sienten protegidas en el ámbito personal de un hogar privado, existe creciente evidencia de que este grupo de trabajadoras y trabajadores están expuestos a una amplia gama de condiciones laborales poco saludables y peligrosas. Asimismo, muy pocos entre ellos y ellas tienen contratos laborales o protección social, y las mujeres en el trabajo doméstico están en una peor posición que los hombres.

Ciertas categorías de trabajadoras y trabajadores del hogar enfrentan condiciones laborales específicas que empeoran o refuerzan los desafíos y desventajas comunes que enfrentan todos estos trabajadores. Las trabajadoras del hogar de planta enfrentan mayor aislamiento y limites de movilidad; jornadas de trabajo más largas y un porcentaje más grande de pagos en especie; mayor vulnerabilidad al abuso físico y sexual por parte de sus empleadores; y condiciones de vida más pobres, incluida la falta de privacidad. Las trabajadoras del hogar migrantes viven a menudo en el hogar de sus empleadores, enfrentando no solamente los desafíos de las trabajadoras del hogar de planta, sino también los abusos dentro del sistema de contratación y por parte de la policía y de las autoridades de inmigración, incluyendo comisiones por adelantado, la retención de salarios y pasaportes y el acoso verbal, físico o sexual. Es importante hacer notar que la regulación del trabajo doméstico migrante requiere leyes y normas tanto en los países de emigración como de inmigración, y a nivel internacional. Las trabajadoras del hogar que son víctimas de la trata enfrentan los mismos desafíos como las trabajadoras del hogar migrantes, agravados por las operaciones “extralegales” de sus agentes de contratación y las condiciones “cercanas a la esclavitud” en las que viven con sus empleadores. Finalmente, las niñas y niños que se dedican al trabajo del hogar dentro de todas estas categorías necesitan atención especial.

Las trabajadoras del hogar están aisladas y son vulnerables, especialmente quienes viven en el hogar de su empleador. Dependen de las buenas o malas intenciones de su empleador. Como mujeres, son sujetas a la discriminación de género, prejuicios y encasillamiento respecto a su trabajo, al que se percibe como de bajo estatus y no se le reconoce el valor. Corren el riesgo de ser abusadas física y psicológicamente y explotadas sexualmente. Las trabajadoras del hogar migrantes e infantiles son especialmente vulnerables4.

Trabajan jornadas largas por un salario pobre, y normalmente no gozan de licencia de maternidad, atención médica o pensiones. Las condiciones de vida de aquellos que viven en la casa de sus empleadores son frecuentemente de calidad inferior. En muchos países son excluidos de las disposiciones del derecho laboral y de la protección de la seguridad social, o se les aplican normas inferiores. Un informe de la OIT, en el que se estudia la legislación para las trabajadoras y los trabajadores del hogar en más de 60 países, observa que “independientemente de la manera en que las leyes nacionales regulen el trabajo doméstico, los estándares sobre el trabajo doméstico se encuentran por debajo de los estándares laborales establecidos para otras categorías de trabajadores” (Ramírez-Machado 2003: 64).

Aun donde la legislación contempla leyes de protección, los empleadores frecuentemente las ignoran y las autoridades no las aplican. Las trabajadoras y trabajadores del hogar que no viven en el hogar de sus empleadores enfrentan muchos de los mismos problemas. Esto quiere decir que en su mayoría trabajan de manera informal, cualquiera que sea su estatus jurídico formal, y que representan una parte importante de la fuerza laboral informal de las mujeres.

Políticas y programas

Desafíos normativos

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Hace más de seis décadas, en 1948, la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) reconoció la necesidad de un instrumento internacional especial para las trabajadoras del hogar. Pasaron décadas sin que se introdujera tal instrumento, fuera un convenio o una recomendación. Mientras tanto, la OIT tomó la posición de que las trabajadoras del hogar supuestamente estaban cubiertas dentro del ámbito de la Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, y el ámbito de todos los instrumentos internacionales existentes de la OIT, a menos que un convenio específico o una recomendación excluyeran explícitamente a las trabajadoras del hogar (OIT 2010). Existen cláusulas de exclusión o de flexibilidad en algunos instrumentos de la OIT que fueron, o pueden ser, utilizadas para excluir a las trabajadoras del hogar (OIT 2010).

En muchos países este grupo de trabajadoras y trabajadores está cubierto de iure –o, al menos, parcialmente cubierto– bajo las leyes laborales y los planes y/o programas de protección social. Por ejemplo, de los 40 estados miembro de la OIT que respondieron a una encuesta de la OIT en 2009, los siguientes porcentajes de países por regiones reportaron que estaban cubiertos por la legislación sobre el salario mínimo: el 18% en los países de Asia; el 70% en África5; el 70% en América Latina; y el 50% de los países desarrollados (OIT 2009). En aquellos países que tienen seguro médico universal, sistemas de salud pública o planes de pensión de jubilación, las trabajadoras y trabajadores del hogar están cubiertos de iure. Sin embargo, rara vez están cubiertos por planes de salud y seguridad ocupacional o seguros de desempleo.

Aun en los países donde este grupo de trabajadoras y trabajadores están cubiertas de iure por la legislación de salario mínimo o planes de protección social, de facto –o en la práctica– a menudo no están cubiertas debido a problemas con la aplicación y el cumplimiento.

Con frecuencia, las trabajadoras del hogar y sus empleadores no pagan impuestos sobre la renta o la nómina, o no realizan contribuciones al seguro social, y sus empleadores a menudo no cumplen con las leyes laborales respecto a salarios, beneficios y condiciones laborales. Existe la idea generalizada de que no se pueden hacer respetar las normas laborales en un lugar privado como un hogar. Por esta razón, las trabajadoras del hogar siguen sin saber si sus empleadores y sus condiciones de trabajo serán objetos de control con relación al cumplimiento de las leyes laborales, aunque paguen los impuestos sobre la renta y realicen contribuciones al seguro social. Es decir, mientras el hogar siga considerándose como “área vedada” para las regulaciones e inspecciones laborales, las trabajadoras del hogar pondrán en duda si también sus empleadores cumplirán –o serán obligados a cumplir– las normas laborales, si ellas cumplen con la ley.

Muchas de las personas dedicadas al trabajo del hogar no está segura de qué beneficios y protecciones deberían recibir a cambio de los impuestos pagados y de las contribuciones realizadas. Un punto adicional es que, mientras que algunas de ellas están interesadas en tener una constancia laboral como condición básica para solicitar un permiso de trabajo o la ciudadanía, otras, las migrantes, evitan la regulación y el pago de impuestos porque quieren permanecer “invisibles” si son indocumentados, o si son migrantes recientes o temporales que no saben qué beneficios o protecciones les corresponden por derecho.

Como resultado de estos desafíos y fracasos normativos, muy pocas trabajadoras y trabajadores del hogar tienen contratos laborales o protección social, y las mujeres en el trabajo doméstico están en una peor posición que los hombres. La recopilación de  datos oficiales de 19 países latinoamericanos citada más arriba encontró que (Tokman 2010):

  • 20% de las trabajadoras y trabajadores del hogar tiene un contrato laboral, en comparación con el 58% de la fuerza laboral urbana total.
  • 19% de las trabajadoras y trabajadores del hogar contribuye a planes de pensiones, en comparación con el 47% de toda la fuerza laboral urbana y el 25% de los trabajadores asalariados en empresas informales.
  • menos trabajadoras del hogar (18%) contribuyen a planes de pensiones que los trabajadores del hogar (31%).
  • 43% de las trabajadoras y trabajadores del hogar con contratos permanentes contribuye a planes de pensiones, en comparación con el 86% de todos los trabajadores urbanos con contratos permanentes.
  • 38% de las trabajadoras del hogar con contratos permanentes contribuyen a un plan de pensiones, en comparación con el 54% de los trabajadores del hogar con contratos permanentes.
  • 44% de las trabajadoras del hogar contribuyen a planes de pensiones y/o de salud, en comparación con el 47% de los trabajadores del hogar y el 64% de toda la fuerza laboral urbana.

Se debe señalar que, puesto que la cobertura médica es casi universal en algunos países, la cobertura de la protección social es más alta y las diferencias entre los sexos es menor si se consideran tanto los beneficios de salud como las pensiones.

Esto se debe parcialmente a una falta de armonización entre el trabajo doméstico y las leyes, regulaciones e instituciones que rigen los mercados laborales. En primer lugar, como se ha señalado más arriba, muchos observadores cuestionan si los hogares privados deberían caer bajo la jurisdicción de las leyes y regulaciones laborales existentes. Se considera al hogar como un ámbito privado y un “refugio” que no debe –y, de hecho, no necesita– regularse. Sin embargo, existe cada vez más evidencia de que el hogar no es un ambiente justo ni seguro para las trabajadoras y los trabajadores del hogar. ¿Deberían hacerse cumplir las leyes y regulaciones laborales en el ámbito privado de un hogar? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cómo? En específico, ¿debería permitirse a los inspectores laborales inspeccionar las condiciones laborales en hogares privados? Algunos juristas argumentan que los hogares que permiten que terceros –de hecho, desconocidos– trabajen en sus casas no deberían estar exentos de las regulaciones (Smith 2011). Algunos países, incluyendo Irlanda y Uruguay, han aprobado leyes que autorizan la inspección de hogares privados (OIT 2010).

En segundo lugar, características claves del trabajo doméstico dificultan la negociación de convenios colectivos entre este grupo de trabajadoras y trabajadores del hogar y sus empleadores. En el caso de las personas que trabajan en el hogar para clientes privados o varios hogares, ni los empleadores ni las trabajadoras se consideran como “empleadores” o “trabajadoras”. Su relación sigue siendo altamente personal, aunque desigual e informal. La relación de empleo a menudo carece de un contrato escrito o incluso de un acuerdo verbal plenamente negociado. Es poco probable que las trabajadoras y los trabajadores del hogar y, más aún, los empleadores estén organizados. En el caso de las personas que se dedican a esta labor, la razón es que con frecuencia permanecen invisibles y aislados de los demás trabajadores. En el caso de las personas que trabajan en el hogar contratadas por terceros, los primeros son empleados por la agencia, y el hogar privado es cliente de la agencia. Las negociaciones sobre las condiciones laborales para las trabajadoras y los trabajadores del hogar sería con la agencia de acuerdo a la ley y las regulaciones. Pero a veces la agencia considera que su papel es solamente la negociación de la colocación de la trabajadora o el trabajador del hogar; no la supervision de sus condiciones de trabajo.

En tercer lugar, las leyes y regulaciones laborales existentes son inadecuadas para muchos tipos de trabajadoras y trabajadores del hogar. Considere a la persona que desempeña trabajo del hogar a tiempo parcial para varios empleadores. La mayoría de las leyes y regulaciones laborales parten exactamente de la premisa opuesta: es decir, un empleador con varios empleados. ¿Deberían también ser aplicables a un empleado que tiene varios empleadores? ¿Una trabajadora que trabaja a tiempo parcial para determinados empleadores, pero tiempo completo o casi completo para todos sus empleadores combinados debería ser considerada como trabajadora a tiempo parcial?

Considere a las trabajadoras y los trabajadores del hogar migrantes cuyo estatus de ciudadanía reduce la posibilidad de negociar o hacer cumplir normas laborales. Considere a las personas que se dedican a esta labor que están “atados” a sus empleadores: especialmente, trabajadores migrantes cuyo estado de visado está relacionado al estatus de sus empleadores que también son migrantes (por ejemplo, diplomáticos); pero también a los migrantes que son víctimas de la trata y cuyos agentes de contratación retienen sus pasaportes. Considere a la trabajadora del hogar migrante que de acuerdo con las leyes de su país anfitrión tiene que regresar a su país de origen poco después de que su empleo actual termine: lo que le dificulta encontrar un empleo nuevo en el país anfitrión o negociar el poder llevar de vuelta a su país de origen las prestaciones acumuladas6.

La regulación de las trabajadoras y los trabajadores del hogar en estos casos especiales quizás requiera la invención de marcos diferentes para la reflexión acerca de la protección y su provisión. Tal vez involucre también un espectro más amplio de leyes que simplemente leyes o regulaciones laborales. En el caso de la contratación por terceros es necesario regular a las agencias de contratación y colocación, y no solamente la relación de empleo. En el caso de las trabajadoras y los trabajadores del hogar migrantes se vuelve necesario incorporar la ley de inmigración y considerar establecer refugios, servicios de emergencia y mecanismos para transferir los beneficios, así como las remesas. En el caso de las trabajadoras y los trabajadores del hogar que son víctimas de la trata quizás sea necesario incorporar el derecho penal. En el caso de las trabajadoras y trabajadores del hogar contratados por diplomáticos tal vez sea necesario abordar la “inmunidad” a las leyes locales de la que disfrutan los diplomáticos.

Finalmente, es difícil abordar mediante leyes y regulaciones algunos de los problemas estructurales subyacentes que contribuyen a la cada vez más alta demanda por servicios domésticos, incluyendo la mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral, cambios demográficos y el aumento asociado en el número de personas jóvenes y adultos mayores; las desigualdades salariales y de ingresos entre, y al interior de, los países; y la división sexual del trabajo que persiste en la mayoría de las sociedades. Además de reformas legales y normativas, existe la necesidad de aumentar el reconocimiento y el valor percibido del trabajo de asistir y cuidar; y de abogar por la prestación o subvención pública, así como la regulación de los servicios de cuidado de niños y de adultos mayores, con discapacidad o enfermos. Más relevante aún, es importante que las personas dedicadas al trabajo del hogar sean reconocidas como trabajadores legítimos.

Abordando los desafíos

El trabajo doméstico ha empezado a recibir la atención que merece. Varios países han introducido nuevos planes, leyes o políticas para proteger a las personas que laboran e el hogar y para regular el sector.

En diversos países estos planes, leyes o políticas recientes ha sido diseñados para reconocer y proteger a las personas que se dedican a esta labor. Éstos incluyen:

  • un plan estatal de “boleto de servicio” subvencionado por el estado con negociación colectiva en Francia, Bélgica y parte de Suiza.
  • el derecho a organizarse, cobertura bajo la Ordenanza de Empleo, y contratos con normas mínimas requeridas por el Departamento de Inmigración de Hong Kong.
  • un convenio colectivo sobre las condiciones de empleo de los Empleados del Hogar en Malí.
  • una Magna Carta para ayudantes del hogar en las Filipinas.
  • una Ley sobre las condiciones básicas de empleo, en 1997, con una Resolución sectorial específica para las personas que laboran en el trabajo del hogar y un mandato vinculante para protegerlas en Sudáfrica (Bonner 2010).
  • una política sobre los servicios de los empleados domésticos en Ghana, introducida en 2012, para controlar contratos y condiciones laborales.
  • Además, un reciente proyecto de ley en el Estado de Nueva York le confiere al Departamento del Trabajo Estatal y al fiscal general el poder de hacer cumplir la legislación sobre equidad en materia de remuneración, horas de trabajo y beneficios para las trabajadoras y los trabajadores del hogar.

Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores del hogar: El convenio de la OIT

Hasta hace poco, los derechos de las trabajadoras y los trabajadores del hogar como trabajadores han recibido poca atención en las leyes nacionales e internacionales. Sin embargo, más países han implementado leyes para proteger a este grupo de trabajadores, o han demostrado su intención de hacerlo. Asimismo, por muchos años los sindicatos ocasionalmente expresaban la necesidad de un instrumento especial de la OIT (convenio), pero los empleadores y gobiernos no veían la necesidad de una norma laboral internacional para las personas que labora en el hogar, y por décadas no se persiguió con gran énfasis.

Ello empezó a cambiar en 2007, cuando la Confederación Internacional Sindical (CSI) y el Grupo de los Trabajadores de la OIT reiteraron el llamado con un fuerte apoyo de las organizaciones de las trabajadoras y trabajadores del hogar, la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), WIEGO y varios aliados. Al reunirse en marzo de 2008, el Consejo de Administración de la OIT, junto con algunos gobiernos entre sus miembros que lo apoyaban, decidió incluir el asunto “Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos” como asunto normativo en la agenda de la CIT 2010 y 2011.

Ello llevó a un esfuerzo mundial coordinado que resultó en la aprobación del Convenio respecto al Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos y una Recomendación complementaria en la 100.a Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) en Ginebra en junio de 2011.

Organización y voz

 

Comgreso fundacional FITH

 

La mayoría de las trabajadoras y los trabajadores del hogar no están organizados en sindicatos y no tienen una voz que los represente. En algunos países no tienen permiso de afiliarse a sindicatos (OIT 1994).

Inclusive en donde sí tienen el derecho legal de organizarse, no les resulta fácil porque están aislados y son vulnerables. Cuando se organizan en forma de sindicatos, a estas organizaciones les es difícil crecer y sostenerse.

Generalmente, el organizar a este grupo de trabajadoras no ha sido una prioridad de los sindicatos establecidos y de las centrales nacionales, precisamente porque son invisibles, porque son mujeres en empleos de “bajo estatus”, porque aparentemente no tienen poder colectivo, porque son difíciles de organizar mediante mecanismos tradicionales y porque representan un reto para la sustentabilidad financiera. Afortunadamente hay excepciones. Un ejemplo es Italia, donde la Federazione Italiana Lavoratori Commercio Alberghi Mense e Servizi-Confederazione Generale Italiana (FILCAMSCGIL), un sindicato en los sectores de comercio, turismo y servicios, ha negociado un convenio colectivo nacional para trabajadoras y trabajadores del hogar empleados en el sector privado. Este acuerdo ha existido desde 1974 (ETUC 2005).

Organizaciones de trabajadoras del hogar

Las trabajadoras del hogar se están organizando cada vez más. En algunos países tienen una larga trayectoria de organizarse en sindicatos. Sin embargo, a sus sindicatos siempre les ha sido difícil crecer, tener un impacto y, en muchos casos, sobrevivir. En los últimos años, la organización de las trabajadoras del hogar ha demostrado signos que indican una revitalización. Esta revitalización utiliza estrategias y modelos organizativos tanto tradicionales como diferentes (ETUC 2005).

Esto es un desarrollo importante porque el estar organizado es una dimensión de la formalización y, a su vez, les permite a las trabajadoras del hogar organizadas exigir que se les reconozca como trabajadoras, y tener derecho a disfrutar de los mismos derechos y beneficios que los trabajadores formales.

Algunos sindicatos de trabajadoras del hogar tienen solamente trabajadoras del hogar como miembros, mientras que otros incluyen trabajadores de diferentes sectores. La Kenyan Union of Domestic, Hotel, Educational Institutions, Hospitals and Allied Workers [Sindicato de los trabajadores del hogar, de hoteles, de instituciones educativas, de hospitales y afines de Kenia, KUDHEIHA] empezó en la década de 1950 como sindicato de trabajadoras del hogar pero se expandió para incluir a trabajadores de otros sectores. La Asociación de Mujeres Autoempleadas (SEWA, por su sigla en inglés) de la India fue fundado en 1972 como un sindicato de trabajadoras en la economía informal de múltiples sectores y empezó recientemente a organizar a las trabajadoras del hogar. También existen sindicatos compuestos exclusiva o principalmente de trabajadoras del hogar, incluyendo el Hong Kong Domestic and General Workers’ Union [Sindicato de los trabajadoras del hogar y de sectores diversos de Hong Kong] y el South African Domestic, Service, and Allied Workers’ Union [Sindicato de trabajadoras del hogar, servicios y afines de Sudáfrica].

Las formas más recientes de organizaciones con base de miembros de trabajadoras del hogar incluyen cooperativas como la UNITY Housecleaners Cooperative [Cooperativa de empleados de limpieza UNITY] en Long Island, Nueva York, en los EE.UU., o asociaciones que operan como sindicatos pero que legalmente no están registradas como sindicatos. Estas organizaciones se han llamados protosindicatos o cuasisindicatos por algunos observadores (Heckscher y Carré 2006). Una de estas organizaciones es la Asociación de trabajadoras y trabajadores migrantes filipinos en Bélgica (Bonner 2010).

Las trabajadoras y los trabajadores migrantes a menudo se organizan en grupos basados en una nacionalidad o un idioma común. Otros forman grupos y desarrollan organizaciones a través de instituciones religiosas. Algunos grupos u organizaciones de autoayuda deciden que se necesita un sindicato y se transforman. En Perú, el Instituto de Promoción y Formación de las Trabajadoras del Hogar (IPROFOTH), una ONG, formó un sindicato que fue registrado en 2006. El Indonesia Migrant Workers Union [Sindicato de los trabajadoras migrantes de Indonesia, IMWU] en Hong Kong empezó como un grupo de autoayuda de trabajadoras del hogar migrantes provenientes de Indonesia, y decidió convertirse en un sindicato para obtener reconocimiento y tener una agenda más política de promoción de los derechos laborales. En otros lugares las trabajadoras del hogar decidieron, contra todo presagio, formar un sindicato nuevo, como por ejemplo el South African Domestic, Service and Allied Workers’ Union [Sindicato de los trabajadoras del hogar, de servicios y afines de Sudáfrica, SADSAWU]. Y allí donde es difícil crear sindicatos independientes, encuentran modos creativos para organizarse y luchar por sus derechos, como por ejemplo a través del Beijing Migrant Women Workers Club [Club de trabajadoras migrantes de Beijing] en China.

Muchas de estas organizaciones pertenecen a redes y alianzas más amplias de trabajadoras del hogar: locales, nacionales, regionales e internacionales. Por ejemplo, UNITY Housecleaners tiene una agenda amplia para mejorar las condiciones laborales de todas las trabajadoras del hogar, no solamente de sus miembros, y es miembro de Domestic Workers United, una coalición con sede en Nueva York, y de la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar que fue fundada en 2007 y organizó su primer congreso en el Foro Social Estadounidense de 2008.

Organización a nivel mundial

Las trabajadoras del hogar no solamente se están organizando a nivel local, sino también se están uniendo a nivel regional y mundial. La Red de trabajadoras del hogar asiáticas (Asian Domestic Workers’ Network, ADWN), que se creó en 2005, consiste de 12 organizaciones locales de trabajadoras del hogar y apoya a ONG de seis países asiáticos; la Asia Migrant Domestic Workers’ Alliance [Alianza de trabajadoras del hogar migrantes de Asia] fue fundada en 2008. En América Latina, existe una organización regional de gran tradición, la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO), fundada en 1988 con organizaciones miembro en 13 países y aliados en Canadá y Europa. La ahora Federación Internacional de Tabajadoras del Hogar (FITH), estaba antes constituida bajo la forma de una red, la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar (IDWN, por su sigla en inglés).

La decisión de 2008 por parte del Consejo de Administración de la OIT de incluir una discusión de fijación de normas sobre el trabajo doméstico en la agenda de las CIT de 2010 y 2011 impulsó, reforzó y les dio un propósito a estas redes de trabajadoras del hogar. La IDWN y otras redes lanzaron una campaña por un convenio de la OIT que incluyó talleres regionales e internacionales para desarrollar una plataforma común de peticiones, así como para planear la incidencia y el cabildeo con los gobiernos, el trabajo con los sindicatos y la creación de alianzas con una gama de ONG y grupos de apoyo.

Las demandas de las trabajadoras del hogar

Algunas de las demandas de estas trabajadoras en todo el mundo son:

  • reconocimiento del trabajo del hogar como trabajo real, y no simplemente una extensión de las tareas domésticas y del cuidado de los niños
  • reconocimiento de las trabajadoras del hogar como trabajadoras
  • reconocimiento y valorización del trabajo del hogar y de las habilidades implicadas
  • derechos de los trabajadores en la ley: equivalente a los derechos de otros trabajadores, incluyendo el derecho a organizarse y de afiliarse a un sindicato y el derecho de representación
  • condiciones laborales decentes, incluyendo limitaciones a la jornada laboral, periodos de descanso, pago por horas extra, vacaciones pagadas, licencia por enfermedad, licencia de maternidad y un salario digno
  • seguridad y protección social: seguro médico (incluso para aquellas personas con HIV/SIDA) y pensiones
  • acceso a, y derecho de, capacitación
  • libertad de movimiento, de cambiar el empleador, del acoso, del abuso físico y psicológico y de la explotación sexual
  • condiciones de vida decentes, incluyendo vivienda y servicios
  • leyes de inmigración favorables
  • regulación de las agencias de contratación y colocación
  • La movilización alrededor de la campaña ha demostrado ser una herramienta poderosa no sólo para forjar alianzas, pero también para organizarse a nivel local: todo bajo el liderazgo de las trabajadoras del hogar mismas. Muchas de estas líderes fueron  escogidas para ser delegadas de trabajadores de sus países respectivos en las CIT de 2010 y 2011. Las organizaciones y redes de trabajadoras del hogar –y sus líderes– adquirieron una fuerza organizativa y una voz representativa que ayudaron a asegurar la adopción del Convenio en la CIT de 2011, y llevarán adelante a las trabajadoras del hogar a medida que continúen organizándose para abogar por la ratificación del Convenio y su puesta en práctica en las leyes en cada uno de los países.

El movimiento global reciente en favor de la ratificación del C189 ha dotado de ímpetu para la organización a nivel local. También en 2013, la IDWN se transformó en el primer sindicato global en el mundo dirigido por mujeres: la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH). Lea más.

Lecturas relacionadas

Goldsmith, Mary. 2013. Negociación colectiva y las trabajadoras domésticas en Uruguay.
Mather, Celia. 2014. “¡Sí, lo hicimos!” Cómo las trabajadoras del hogar obtuvieron derechos y reconocimiento a nivel internacional.

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1Esta información se basa en comunicaciones personales con Françoise Carré y Joann Vanek (2010).
2Los datos fueron recopilados por Victor Tokman de la base de datos estadísticos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). En la base de datos de la CEPAL, los trabajadores en el sector informal incluyen a los dueños y trabajadores asalariados de empresas informales, trabajadores del hogar, operadores no profesionales por cuenta propia y trabajadores familiares auxiliares no remunerados. A las empresas informales se les define como empresas con menos de cinco trabajadores. A los trabajadores por cuenta propia se les define como trabajadores autónomos que no contratan a otros y que no son profesionales.
3Este fue el título de una conferencia sobre un proyecto de ley social organizada en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 7 y 8 de mayo de 2010.
4Vea, por ejemplo, Human Rights Watch, 2006; Human Rights Watch, 2008; Amnistía Internacional, 2007, Indonesia: Indonesia. Explotación y abuso: la grave situación de las trabajadoras domésticas; Oxfam y Kalayaan, 2008, The New Bonded Labour?
5Los países en África que respondieron a la encuesta de la OIT incluyeron a Sudáfrica y Túnez.
6Esta información se basa en comunicaciones personales con Elizabeth Tang e Ip Yu (2009).