Debates claves sobre la venta ambulante

La venta ambulante genera debates en todo el mundo. A continuación se resumen los debates claves sobre la venta ambulante.

Registro e impuestos

Los críticos de la venta ambulante de la corriente principal argumentan que los vendedores compiten de manera injusta contra los establecimientos porque no tienen costos fiscales y de registro, ni los demás costos asociados con un establecimiento como los pagos por alquiler y servicios públicos. De acuerdo con este argumento, al crear una “competencia desleal” los vendedores ambulantes les quitan oportunidades comerciales a los establecimientos y amenazan su viabilidad. Según esta escuela de pensamiento, los gobiernos locales deberían “formalizar” a los vendedores ambulantes mediante su reubicación en locales fuera de la calle, donde cabría esperar que se registraran, pagaran impuestos y rentaran o tuvieran su propio lugar de trabajo.

Una opinión alternativa es que los vendedores ambulantes pagan diferentes tipos de costos, que los operadores establecidos no tienen, y que los vendedores ambulantes satisfacen una necesidad diferente en la economía local que los negocios establecidos. Por ejemplo, los vendedores ambulantes pagan ciertos tipos de costos al no estar registrados, como el que se les confisque su mercancía, un riesgo al que los empresarios establecidos no están expuestos. Hasta los vendedores ambulantes que están registrados ante las autoridades locales o a través de sus asociaciones pueden ser multados por una serie de infracciones relacionadas a su uso del espacio público, como por ejemplo, el colocar su puesto demasiado cerca de la banqueta. Además, la mayoría de los vendedores ambulantes pagan varios tipos de impuestos, y en efecto están particularmente sujetos a pagar impuestos indirectos (Chen et al. 2005).

Los vendedores ambulantes también pagan un tipo de renta a través de cuotas diarias recaudadas (o sobornos solicitados) a cambio del uso del espacio público. Por tanto, no es que los vendedores ambulantes eviten los costos de hacer negocios; más bien pagan diferentes tipos de costos que los empresarios establecidos.

Derechos individuales y colectivos

La venta ambulante también genera debates sobre la tensión entre el derecho individual al trabajo y el derecho colectivo al espacio público. En la mayoría de los países se percibe al espacio público como un bien colectivo al que todo el mundo tiene derecho a disfrutar, y es responsabilidad del gobierno local la regulación del uso del espacio público para que estos derechos puedan disfrutarse. Los detractores de los vendedores ambulantes argumentan que aquellos derechos colectivos se ven afectados si los vendedores ambulantes se apropian del espacio público para su propio uso. De acuerdo a esta opinión, los gobiernos tienen que defender el espacio público de tal invasión mediante una estricta regulación de su uso y, en algunos casos, la prohibición total de la venta ambulante.

El argumento opuesto es que se les debe permitir a los vendedores ejercer sus derechos económicos, como se indica explícitamente en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en otros marcos normativos a nivel nacional e internacional. Muchas constituciones garantizan el derecho al trabajo y/o el derecho al desarrollo de actividades comerciales, y las organizaciones de venta ambulante han argumentado con éxito en los tribunales de justicia que los gobiernos no deben violar este derecho con la prohibición de la venta ambulante (vea un veredicto reciente de la Corte Suprema de la India, 2009, en inglés). Los defensores de la libertad económica argumentan que la prohibición de la venta ambulante viola los principios de la competencia libre y abierta, además de los derechos individuales al trabajo y a la no discriminación.

Gobernanza urbana y las contribuciones de los vendedores ambulantes

La venta ambulante también genera controversia en el contexto de los debates de planificación urbana. Muchas ciudades han experimentado ciclos en los que las autoridades locales toleran, luego regulan, y luego desalojan a los vendedores ambulantes de acuerdo con las tendencias económicas, los ciclos electorales y otras presiones de la gestión urbana. En América Latina, estrategias de gobernanza urbana empresarial, guiadas por principios orientados hacia el mercado, que ven a las ciudades como competidoras para la inversión extranjera y el estatus “ciudad de clase mundial”, han llevado al desalojo de los vendedores ambulantes de los centros históricos de las ciudades1. En ciudades en África, los vendedores ambulantes están sujetos a un constante “hostigamiento de bajo nivel” basado en enfoques coloniales respecto a la gobernanza urbana (Skinner 2008). En todas las regiones los vendedores ambulantes han sido desalojados masivamente en el marco de megaeventos.

En todos estos enfoques está implícita la suposición de que los vendedores ambulantes, en conjunto, son una fuerza negativa en las ciudades. Algunos argumentan que tolerar a los vendedores ambulantes resulta costoso para las ciudades porque los gobiernos municipales no logran recaudar suficientes ingresos de los vendedores para cubrir los costos para hacer respetar las regulaciones de venta. Otros sostienen que los vendedores ambulantes contribuyen a la congestión y contaminación vehicular por atestar las vías públicas concurridas y reducir la velocidad del tráfico. Algunos mercados callejeros son conocidos por actividades delictivas: desde robos y otros delitos menores hasta la venta de productos y servicios ilegales. Por último, los funcionarios y residentes municipales se quejan de la basura sin recoger y de aguas residuales sin tratar en las zonas donde se concentra la venta ambulante.

Enfoques alternativos de gobernanza urbana tratan a la venta ambulante como un elemento integral y permanente de la economía urbana. Desde esta perspectiva, no es la venta ambulante en sí misma, sino su mala gestión lo que genera problemas de congestión y contaminación. La venta ambulante, se argumenta, contribuye a la vida económica, social y cultural de la ciudad al ofrecer un mercado al por menor fiable para una amplia gama de productos asequibles, incluyendo productos agrícolas frescos, comida preparada, útiles escolares, suministros de oficina, ropa, herramientas y aparatos electrónicos. Al vender productos asequibles en cantidades pequeñas, los vendedores ambulantes les ofrecen a los pobres acceso a bienes de consumo que de otra manera no podrían comprar.

Los vendedores ambulantes no sólo aportan un servicio esencial a los pobres; también representan una atracción importante para los turistas extranjeros que buscan una experiencia auténtica. La comida callejera, en particular, tiene muchos seguidores entre los turistas occidentales2. Comprar comida en la calle o artesanías locales en un bullicioso mercado al aire libre permite a los turistas y residentes experimentar la vitalidad de la vida pública en las ciudades mundiales. Fuera de las grandes ciudades, los vendedores ambulantes representan una parte vital de la red de distribución minorista del país, particularmente en las zonas más aisladas, y pueden contribuir a los objetivos macroeconómicos de competencia comercial y control de la inflación3.

Además, algunos argumentan que la venta ambulante le ahorra dinero a las ciudades porque les permite a los trabajadores pobres generar empleos para sí mismos. De no contar con esta oportunidad se podrían volver más dependientes de los servicios municipales o dedicarse a actividades delictivas para sobrevivir. Los vendedores ambulantes generan empleos no solamente para ellos mismos, sino también para otros. En los mercados ambulantes, se necesitan a cargadores u operadores de carritos para transportar la mercancía desde y hacia los puestos, por ejemplo. A veces se contrata a veladores para proteger la mercancía de los vendedores durante la noche. Algunas asociaciones de vendedores ambulantes contratan a guardias de seguridad o trabajadores de saneamiento para que mantengan los mercados seguros y limpios para los clientes.

Asimismo, con respecto a la contaminación y el crimen, estudios demuestran que a menudo no son los vendedores ambulantes mismos el origen de estos problemas. Al contrario, los vendedores conscientes se esfuerzan para mantener sus puestos limpios y para ser los “ojos y oídos” que ayuden a impedir el crimen en las calles4. La famosa anécdota del vendedor ambulante de la ciudad de Nueva York que frustró un atentado con una bomba ofrece un colorido ejemplo, pero las contribuciones de los vendedores a la vida pública son más sutiles y comunes en la vida diaria de las ciudades.

Desde este punto de vista, la mezcla apropiada de negocios formales e informales contribuye al desarrollo de un entorno urbano. En lugar de alentar a los vendedores ambulantes a convertirse en vendedores establecidos –lo que saturaría un mercado minorista ya competitivo– el papel del gobierno municipal debería ser proveer incentivos para que diferentes tipos de negocios se complementen y coexistan. Para ello, debería reconocer los diferentes tipos de riesgos que los diferentes empresarios enfrentan, y proveer mecanismos para ayudar tanto a los negocios formales e informales a mitigar estos riesgos. Donde la venta ambulante es considerada un factor positivo, las ciudades han adoptado un enfoque de planificación urbana más inclusivo.

Venta de comida en la calle

Los vendedores ambulantes que venden comida preparada desempeñan un papel único en la vida de las ciudades y normalmente se rigen por un conjunto diferente de normas que los vendedores que venden productos no alimenticios. En la mayoría de las ciudades los vendedores de alimentos en la vía pública están obligados a obtener permisos del departamento de salud pública del gobierno local, y normalmente están sujetos a inspecciones periódicas.

Debates claves sobre la venta ambulante

En muchas ciudades los vendedores de alimentos en la vía pública reciben capacitación de funcionarios para ayudar a reducir los riesgos para la salud pública. La gama de comida callejera disponible en las ciudades en todo el mundo varía de tentempiés sencillos hasta comidas por encargo.

Un renacimiento reciente de la comida callejera en las ciudades norteamericanas y europeas ha generado un gran interés entre los consumidores, así como nuevos debates respecto al papel adecuado del gobierno municipal en la regulación de la venta ambulante. Este movimiento de comida callejera surgió en parte de una recesión económica que les dificultaba a los empresarios invertir en restaurantes tradicionales. Los vendedores de hot dogs, pretzels y alimentos similares han sido parte de las calles por décadas. Sin embargo, el movimiento reciente ha incorporado camiones de alta gastronomía, así como sucursales de comida callejera de restaurantes más grandes.

A medida que más y más chefs entran al negocio de la venta de comida preparada desde carritos y camiones, se incorporan nuevas tecnologías de comunicación a las estrategias de comercialización5. Muchos camiones de comida, por ejemplo, usan Twitter para informarle a los clientes su paradero. El movimiento ha llevado al desarrollo de herramientas basadas en la web para rastrear en tiempo real la ubicación de los carritos y camionetas de comida que sirven a los profesionales en el centro de Washington, D.C.6 “The Great Food Truck Race” [La gran carrera de los camiones de comida], un programa de televisión en el “Food Network Channel”, presenta algunos de los camiones de comida más populares de los Estados Unidos. El apoyo apasionado al movimiento de camiones de comida entre los consumidores en varias ciudades de los Estados Unidos refleja tanto una necesidad por opciones de comida fácilmente disponibles, como un entusiasmo particular por la cultura de la comida callejera urbana.

Para un panorama mundial de los argumentos a favor y en contra de la existencia de vendedores ambulantes, vea Ray Bromley (2000).

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1 Middleton, Alan. 2003. “Informal Traders and Planners in the Regeneration of Historic City Centres: The Case of Quito, Ecuador.” Progress in Planning; también 59: 71-123. También, Crossa, Veronica. 2009. “Resisting the Entrepreneurial City: Street Vendors’ Struggle in Mexico City’s Historic Center.” International Journal of Urban and Regional Research 33, Número. 1 (Marzo): 43-63.
2 Docenas de sitios web de viajes documentan el entusiasmo de los turistas occidentales por la comida callejera en el sur global. Para un ejemplo entre muchos, vea (en inglés) www.bootsnall.com/articles/10-10/street-food-around-the-world.html.
3 Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA). “Normativa del Comercio No Sedentario en España: Comparativa con Países Miembro de la Unión Europea.”
4 Después de pasar cinco años con vendedores ambulantes en la ciudad de Nueva York, el sociólogo Mitchell Duneier concluyó que “los vendedores no solamente…se atienen a los códigos y normas, sino que su presencia en las calles mejora el orden social. Vigilan la calle, y la estructura de la vida sobre la acera los alienta a apoyarse mutuamente” (Duneier 1999: 43) (la cursiva es nuestra).
5 Vea “Trucking Delicious,” The Economist (22 de noviembre de 2010).
6 Vea (en inglés) www.foodtruckfiesta.com.