Las crisis económicas llevan a un aumento del desempleo en la economía formal por la pérdida de trabajos. También se reconoce que –por la entrada de nuevas personas– las crisis económicas llevan a un aumento del empleo en la economía informal. Según estimaciones recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en cinco países latinoamericanos –Colombia, Ecuador, México, Panamá y el Perú– el empleo informal aumentó del 52,9% del empleo total en 2007 al 53% en 2008, y al 53,6% en 2009 (OIT 2009a). En 2009, la OIT previó que la recesión mundial llevaría a un aumento de 38 millones de desempleados y de 200 millones de trabajadores pobres (es decir, aquellos que ganan menos de US$2 al día) (OIT 2009b).

Argumentos similares suponen que la economía informal proporciona refugio a quienes pierden su trabajo en la economía formal, y que la economía informal puede hacer frente o adaptarse a los impactos asociados con las recesiones y crisis económicas (Cunningham y Maloney 2000). Sin embargo, la evidencia disponible –ya de por sí escasa– pone en duda estas suposiciones.

La evidencia de las crisis anteriores sugiere que los trabajadores asalariados atípicos o informales cargan con el peso de los recortes laborales y la reducción de las horas de trabajo (Jutting y Laiglesia 2009). A menudo son los primeros en perder su trabajo durante una crisis, ya que las empresas normalmente se deshacen de los trabajadores periféricos (empleados subcontratados o con contratos temporales) antes de deshacerse de sus trabajadores permanentes. Los trabajadores tercerizados o trabajadores subcontratados enfrentan pérdidas de órdenes de trabajo.

Asimismo, la evidencia de la recesión económica reciente sugiere que en los cinco países latinoamericanos mencionados anteriormente “los ajustes laborales en las empresas formales en respuesta a la recesión económica se realizaron mediante despidos de trabajadores con contratos laborales irregulares o atípicos” (Jutting y Laiglesia 2009).

¿Pero qué pasa con aquellos que ya están trabajando en la economía informal? ¿Qué tipo de “amortiguador” ofrece la economía informal durante las crisis, y a quiénes?

La sensibilidad a la demanda, la fluctuación de precios y la dinámica de competencia contribuyen a dar forma la economía informal tanto en los buenos tiempos como en los malos. Lo sorprendente, sin embargo, es que aquellos que afirman que la economía informal sirve de “amortiguador” durante las crisis no consideren cómo los cambios en la demanda, los precios y la competencia asociados con las crisis afectan a la economía informal. Simplemente suponen que los cambios inducidos por la crisis afectan a la economía formal y que de alguna manera evitan la economía informal. Por esta razón, escasea la información sobre la manera en que las crisis afectan a la economía informal, excepto el crecimiento previsto en el empleo informal. Lo que sigue es un resumen de los hallazgos de dos rondas de estudios (en 2009 y en 2010) diseñados para evaluar el impacto de la recesión mundial en las vidas y los medios de sustento de tres grupos de trabajadores urbanos en la economía informal.

Estudio de varios países: El impacto de la recesión mundial en los trabajadores informales urbanos

Para eliminar la laguna de información sobre el impacto de la crisis en los trabajadores pobres, WIEGO y sus socios del proyecto Ciudades Inclusivas  decidieron estudiar el impacto de la crisis en tres categorías de trabajadores urbanos en la economía informal: Los trabajadores a domicilio, los vendedores ambulantes y los recicladores. A mediados de 2009 llevaron a cabo entrevistas individuales y organizaron discusiones de grupos focales con trabajadores en la economía informal en 14 localidades urbanas de 10 países en África, Asia y América Latina. Un año más tarde, a mediados de 2010, realizaron una segunda ronda de investigaciones en 13 localidades de nueve países, enfocada principalmente (aunque no exclusivamente) en la misma muestra para determinar si había repercusiones tardías de la recesión y/o indicios de una repercusión para los trabajadores participantes.

La primera ronda de investigación encontró que las empresas informales y los trabajadores asalariados de la economía informal se ven afectados de las mismas maneras que las empresas y los trabajadores asalariados formales. Los trabajadores en la economía informal sufren directa e indirectamente por la disminución en el consumo y la demanda, fundamentales para su subsistencia. Los trabajadores asalariados en la economía informal son a menudo los primeros en ser despedidos –antes de los que tienen contratos formales–. Las empresas informales y los trabajadores asalariados en la economía informal enfrentan mayor competencia a medida en que más personas entran en la economía informal y/o aumenta la informalización laboral.

Los tres grupos de trabajadores urbanos en la economía informal experimentaron estas tendencias generales, en diferentes grados y en diferentes maneras, como se indica a continuación:

  • Los trabajadores a domicilio que producen para las cadenas de valor globales experimentaron un fuerte descenso en sus órdenes de trabajo, aunque al menos un grupo de trabajadores a domicilio que producen para una cadena de valor nacional –produciendo artículos productivos– dijo que sus órdenes de trabajo se habían mantenido relativamente estables. Los trabajadores a domicilio que trabajan por cuenta propia para los mercados locales reportaron un aumento en la competencia y muchos tuvieron que reducir sus precios para mantenerse competitivos.
  • Los vendedores ambulantes también experimentaron un descenso significativo en la demanda de consumidores locales. Ellos reportaron el aumento más elevado en la competencia a medida que un mayor número de personas perdías sus empleos o tuvieron que complementar los ingresos recurriendo a la venta como una posible fuente de ingresos.
  • Los recicladores experimentaron el mayor descenso en la demanda y en los precios de venta. Fueron los más susceptibles a la influencia de la crisis sobre la dinámica de precios internacionales en su sector, que comenzó en octubre de 2008.

Sin embargo, a diferencia de algunos de sus homólogos formales, los que trabajan en la economía informal no tienen un colchón que amortigüe la caída. Los encuestados reportaron que se vieron obligados a trabajar demasiado, a asumir riesgos adicionales, reducir los gastos (incluyendo en alimentos y atención médica), y aún así vieron bajar sus ingresos. La evidencia sugiere claramente que la recesión global está empujando a los trabajadores en la economía informal y a sus familiares más hacia el empobrecimiento.

A pesar de algunos avances positivos, la investigación de la segunda ronda sugiere un retraso en la recuperación para los trabajadores de la economía informal. La persistencia del desempleo y el subempleo en la economía formal continuó impulsando la entrada de más personas al empleo en la economía informal. Algunos encuestados reportaron más demanda por sus bienes y servicios, pero muchos seguían enfrentando bajos niveles de ventas o pedidos. Mientras que en la primera ronda el 77% de los encuestados informaron que sus ingresos habían bajado en la primera mitad del año 2009, en la segunda ronda el 55% de los encuestados informaron que sus ingresos habían bajado aún más entre mediados de 2009 y mediados de 2010. Entre aquellos que informaron de que sus ingresos habían aumentado desde mediados de 2009, ninguno dijo que sus ingresos hubieran vuelto al nivel previo a la crisis. La mayoría informó de que sus ingresos no se habían ajustado al creciente costo de vida. La persistencia de una alta inflación –afectando particularmente los precios de alimentos y combustible– ha intensificado la presión sobre los presupuestos familiares. Los encuestados siguen restringiendo la alimentación de sus familias. La deserción escolar, no común en la primera ronda de estudio, parece estar a la alza. Una vez más, los tres grupos sufrieron estas tendencias en distintos grados y de diferentes maneras.

En ambas rondas de la investigación se pidió a los entrevistados que identificaran y priorizaran las intervenciones que fomentarían sus modos de sustento. Incluso durante la primera ronda, las medidas de emergencia a corto plazo no tuvieron máxima prioridad; más bien, los encuestados optaron por apoyo a sus actuales actividades relacionadas a sus medios de sustento. Esto incluía acceso a servicios financieros, capacitación, análisis de mercado y acceso al mercado. También se identificaron como intervenciones prioritarias la protección salarial, las mejoras al lugar de trabajo y varias medidas de protección social. Especialmente los trabajadores a domicilio señalaron que querían precios por pieza más altos, tarifas de servicios públicos más bajos (porque tienen que cubrir los costos de producción), y mayor inclusión en los sistemas de seguro y asistencia social. Los vendedores ambulantes dijeron que necesitaban un lugar seguro para vender en una buena ubicación, así como acceso a préstamos de bajo interés. Los recicladores dijeron que necesitaban mejor acceso a los materiales reciclables e incorporarse a los sistemas de gestión de residuos sólidos.
Lea los estudios:

  1. Sin colchón que amortigüe la caída: La crisis económica global y los trabajadores de la economía informal
  2. Afrontando la crisis: Recesión persistente, inflación creciente y la fuerza laboral de la economía informal

En pocas palabras, la crisis económica mundial ha afectado a la economía informal en muchas de las mismas maneras que ha afectado a la economía formal. Los trabajadores asalariados informales enfrentaron la pérdida de trabajos o una mayor informalización de sus contratos. Los trabajadores autónomos informales enfrentaron la disminución de la demanda, la caída de precios, y la fluctuación de tipos de cambio, de tasas de interés y de precios. La fuerza laboral informal, en conjunto, enfrentó mayor competencia de parte de las nuevas personas que ingresaron a la economía informal, y no tenía colchón que amortiguara la caída. Como concluyó el informe sobre la primera ronda de la investigación, la recesión económica mundial ha llevado a “más y más trabajadores compitiendo por una tajada de la economía informal en contracción”. Y, como concluyó el informe sobre la segunda ronda del estudio, la recuperación en la economía informal depende de la recuperación –tanto de las empresas como del empleo– en la economía formal, y requiere de un apoyo dirigido.

Según muchos observadores la recesión mundial causada por la crisis financiera terminó a finales de 2010. Pero la recuperación del empleo no ha progresado al mismo ritmo que la recuperación comercial. En muchos países desarrollados el índice de desempleo sigue siendo alto y no da señales de que vaya a bajar rápidamente. En los Estados Unidos, el índice de desempleo se mantuvo a niveles récord (arriba de 10%) hasta febrero de 2011, cuando se registró un ligero descenso.

En muchos países en desarrollo, el subempleo (que se define como estar trabajando sin ganar lo suficiente para escapar de la pobreza) estuvo a niveles muy altos antes de la crisis, llegó a niveles aún más altos durante la crisis, y continúa siendo alto. Los formuladores de políticas deben reconocer que se necesita hacer más para promover la recuperación en materia de empleo: no solamente para los desempleados, sino también para los subempleados, particularmente en los países en desarrollo. Asimismo, los formuladores de políticas deben reconocer que la economía informal es una fuente importante de empleo tanto en los buenos tiempos como en los malos.

Investigación en curso

Basándose en este trabajo, WIEGO y sus socios de Ciudades Inclusivas iniciaron un Estudio de monitoreo de la economía informal (EMEI) en diez ciudades con múltiples socios. Lea más aquí.